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 6) Alice/Dumbledore

Sentada sobre la rama de un árbol y recién saciada, la vampira esperaba. El anciano pasaría por allí más temprano que tarde, la saludaría e invitaría amablemente a acompañarlo.

‘Buenos días, señorita Cullen.’

‘Buenos días, Dumbledore.

El mago miró hacia arriba brevemente y prosiguió su camino con tranquilidad, pero la invitación no llegó. Sin desanimarse, Alice saltó con gracilidad y le dio alcance en menos de un segundo. El hombre no dio mayores muestras de notarlo que un fugaz guiño, y continuaron caminando lado a lado en absoluto silencio por un tiempo más.

‘A propósito, su propuesta suena de lo más interesante.’

‘O lo hubiese sonado, de haber llegado a expresarla en voz alta.’

El mago rió entre dientes y la psíquica no pudo evitar sonreír también.

‘La respuesta es sí, por cierto. Con gusto lo ayudaré.’

Dumbledore asintió, satisfecho.

‘La verdad, confiaba en que podría contar con su cooperación. Intentar realizar estudios sobre la Nada descuidando un aspecto tan importante como la dimensión temporal, sería francamente una… pérdida de tiempo, si se me permite la mala broma. Pero, por supuesto, usted ya sabe todo eso.

Alice le devolvió la mirada al par de risueños ojos azules que parecían poder ver a través de ella. Oh, claro que lo sabía. Es más, él mismo se lo había explicado todo.

O por lo menos, se lo habría explicado. Que, dado el caso, era prácticamente lo mismo.


7) Bestia/Starfire

Un momento de distracción le bastó para salir corriendo de allí a todo lo que sus cuatro patas le daban. Salpicando espuma y agua, e ignorando olímpicamente a los transeúntes que lo miraban con ojos como platos, no alcanzó a llegar a la mitad del pasillo antes de sentir que lo agarraban de la cola--- algo que definitivamente no le gustó para nada.

‘¡¡Aaaargh!! ¡¡Suéltame!!’

Bestia clavó las garras en el piso, oponiendo resistencia. Lamentablemente, el hecho de que la tamaraneana pudiera volar y tuviese una fuerza varias veces mayor a la humana le daba una ventaja considerable, y a pesar de su esfuerzo, sus garras fueron dejando diez bonitos surcos y sacando chispas sobre el piso mientras lo llevaba lentamente de vuelta al baño.

‘¡Pero no hemos terminado! ¡Aún debo cepillarte la espalda!’

Cuando llegaron a la puerta, se aferró con todas sus fuerzas al marco de ésta en un último intento desesperado. Y juntando todo el aire que tenía en sus pulmones, giró la cabeza y rugió. Aunque Starfire no lo soltó, como esperaba,  y en cambio, parpadeó e hizo algo que él nunca hubiese podido imaginar.

Rugió de vuelta.

O bueno, si es que se le podía llamar rugido a un huracán magnitud 4. A pesar de que de alguna milagrosa manera consiguió mantenerse aferrado a la puerta, no estaba seguro de que su espíritu hubiera tenido la misma suerte. De lo que si estaba seguro es que hace unos momentos su pelaje chorreaba… y ahora se encontraba completamente seco.

‘¡No me dijiste que el agua estaría tan fría!’

‘¡Pero no lo está!’

El forcejeo comenzó de nuevo.

‘¡Dé-ja-me ir!’

‘¡De-bes vol-ve…! ¡Ah!

El marco de la puerta cedió, y de pronto ambos se encontraron sentados en el fondo de la tina, completamente empapados. Se apartó el cabello de los ojos para mirar a acusadoramente a Starfire, y entonces… comenzó a retorcerse de risa, apuntándola. La extraterrestre lucía una bonita barba de espuma blanca.

Claro que cuando la alienígena comenzó a reír también, y él se dio cuenta del porqué, ya no le pareció tan gracioso. Nunca le habían gustado las pelucas empolvadas, y una de espuma no era la excepción.


8) Starfire/Dumbledore

El crujido de una ramita al romperse la hizo voltear con sobresalto. De pie, al borde del pequeño claro, destacaba una alta y familiar figura.

'Starfire. Buenas tardes.’

'O-oh. ¡Dumbledore!’

Extendió los brazos todo lo que pudo sonriendo con nerviosismo y flotó frente al curioso espectáculo que se encontraba a sus espaldas, en un intento de ocultarlo. Un intento algo difícil, contando con el gran tamaño de la criatura… y la cantidad apoteósica de comida esparcida por el suelo.

‘No esperaba verte por aquí.’ Lo que era cierto: había escogido ese lugar especialmente alejado para que nadie pudiera encontrarlos por casualidad.

‘Oh, por favor, no te preocupes por mí. Sólo estoy de paso. Te molestaré con mi inoportuna presencia nada más que unos momentos.’

La alienígena lo observó con curiosidad, mientras el mago comenzaba a pasearse entre los árboles, golpeando los troncos, uno por uno. Durante todo el tiempo que demoró, Starfire no movió ni un músculo, y todo lo que podía escucharse en el claro eran los golpecitos en la madera, el tarareo despreocupado del mago, y el crujir de un par de mandíbulas gigantes al masticar.

 Al fin, el mago pareció darse por satisfecho con su trabajo, y se separó del tronco de un árbol para mirar a Starfire con rostro pensativo.

‘Starfire, ¿te he mencionado alguna vez que puedo hacer aparecer alimentos mediante magia?’

Acto seguido, y con un movimiento de su varita, una tartaleta se materializó en el aire y se acercó flotando directamente a las manos de la tamaraneana.

‘Y no es por presumir, pero me han dicho que algunos de mis pastelillos parecen _casi_ hechos a mano.’

Starfire no supo que responder, y el anciano pareció comprender, porque luego de contemplarla un momento con expresión risueña, se puso en movimiento.

‘¡Bueno! Esas lechuzas no se encontrarán solas. Si me disculpas, continuaré mi marcha.’

‘¡Dumbledore, espera!’

‘¿Sí?’

La alienígena se acercó con rostro culpable y avergonzado.

'Por favor, no le digas a nadie.’

Pero el mago parpadeó un par de veces, con aspecto confundido.

‘¿Decir a nadie qué? Lo lamento, Starfire, pero creo que hoy no he visto nada digno de mención. Verás, lamentablemente me he vuelto algo miope con el pasar de los años; realmente debería conseguirme un par de lentes nuevos. Además, mi memoria ya no es lo que solía ser, se ha vuelto curiosamente selectiva durante el último tiempo.’

Starfire lo miró con los ojos muy abiertos, no muy segura de si estaba hablando en serio o no. Pero entonces el mago le guiñó un ojo (¿o fue su imaginación?), antes de voltear y retirarse.

‘Hasta luego. Que tengas una excelente tarde.’

Lo siguió unos momentos con la mirada, hasta que se perdió entre los árboles, y luego soltó una risita. Y mientras se acercaba a su reciente nuevo amigo para acariciarlo y ofrecerle de esa sabrosa tartaleta, Starfire pensó para sí que ese era un humano muy extraño.

Muy amable, sí. Pero _muy_ extraño.


9) Dumbledore/Watson

'En Escocia! ¿Y nunca nadie lo ha encontrado?’

Dumbledore hizo que la tetera le sirviera más té al doctor. ‘Sí y no. El castillo está protegido contra visitantes indeseados. Si un muggle (un ser no mágico, ¿recuerda?) llegara a encontrarlo, sólo vería unas ruinas y un cartel aconsejándole mantenerse alejado. Y los muggles usualmente obedecen esos carteles.’

Watson asintió admirado, y recibió la taza que le ofrecía. ‘Gracias. ¿Y cómo saben qué niños pueden asistir cada nuevo año?

‘Existe una pluma mágica que detecta cuando nace un niño con habilidades y lo registra automáticamente en las matrículas del colegio.’

‘Entiendo, vaya. ¿Pueden nacer hijos mágicos de padres… muggle?  Disculpe si lo incomodo con tantas preguntas, profesor, es que…’

‘Oh, no se preocupe, no se preocupe.’ Era verdad, encontraba refrescante tanta curiosidad. ‘Y sí, sucede con bastante frecuencia, de hecho. Los magos y los muggles se han mezclado a través de cientos de años. Incluso pueden nacer niños muggle de padres magos, pero eso es menos común.’

El hombre rió maravillado. ‘¡Increíble! ¡Un asunto absolutamente mendeliano!’ Se llevó una mano al bigote, su taza aún sin tocar. ‘No puedo evitar preguntarme si…’

El mago rió para sus adentros y lo dejó divagar por los recovecos de su imaginación. Lo comprendía perfectamente: él mismo se había preguntado muchas cosas los últimos meses. Como ahora, que no podía evitar preguntarse qué hubiera respondido Arthur Conan Doyle si él le hubiera escrito contándole que, años después, se encontraría tomando el té y charlando de magia con el mismísimo doctor John Watson, fruto de su creación.


10) Dumbledore/Bestia

Juntó las yemas de sus largos dedos, y lo miró detenidamente por sobre los anteojos de medialuna. Al otro lado del escritorio Bestia se removió, incómodo.

‘He revisado su caso, tal como me lo pidió.’

‘¿…Entonces? ¿Es posible?’ Una expresión de esperanza se extendió por la peluda cara de su interlocutor. Una esperanza que definitivamente le apenaba tener que decepcionar.

‘Lo lamento, pero me temo que no puedo ayudarlo esta vez. Su situación va más allá de mis competencias.’

La criatura frunció el ceño, contrariada. ‘Pero… Creí que usted era un mago poderoso.’

Dumbledore sonrió. Oh, él era un mago poderoso, de eso no había duda. De hecho, podía devolverlo a su forma natural con un simple hechizo de transformación. O lo habría hecho, de considerar que fuese lo correcto.

‘Mi querido amigo, hay ciertas clases de embrujos que ni siquiera los magos más hábiles deberían osar intervenir, y ciertos tipos de magia que superan con creces el entendimiento del hechicero más erudito. Y cabe la casualidad de que ese parece ser su caso, precisamente.  Mi humilde consejo es que deje que la maldición siga su curso normal, y quizás para su sorpresa descubra, cuando la solución llegue, que no podría haber deseado una mejor.’

Sí, era un mago poderosísimo, sin duda. Pero también lo suficientemente sensato para reconocer que ni siquiera él era digno de interponerse en el camino de la magia más poderosa de todas.

 

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