isil_lote: (gone with the wind)
[personal profile] isil_lote
Nota: Regalo de cumpleaños para Hawk, que me hace escribir cosas larguísimas sin que me dé cuenta. ERES TERRIBLE y te quiero montones, persona más failsome de la vida. FELIZ CUMPLEAÑOS, SILLY. <333

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Todo empezó con un caso, para variar. Cinco personas habían desaparecido en menos de dos semanas en pleno centro de Boston, y cuatro de ellas habían sido encontradas luego en edificios abandonados, atadas y drenadas de hasta la última gota de sangre en el cuerpo. Hombres y mujeres de joven y mediana edad, el asesino no parecía hacer distinción entre género, etnia, oficio o procedencia. El único patrón que parecía repetirse era la situación acomodada de las víctimas, todos inversionistas y socios de importantes empresas o afortunados herederos.

 

Eso, para la prensa y el público general, claro está. Pero tras bambalinas, otros detalles salían a relucir. Detalles como los que tres peculiares agentes del FBI habían logrado recolectar en no menos peculiares entrevistas a los familiares y amigos de las víctimas.

 

-Así que -Sam se aflojó la corbata del atuendo de agente, sentado a la mesa del motel donde se hospedaban-, definitivamente es algo con el L'Espalier.

 

-¿Clientes de uno de los restaurants más elegantes y caros de la ciudad desapareciendo misteriosamente la misma noche que cenaron en el lugar? -Dean alzó las cejas, abriendo una lata de cerveza-. No es de extrañar que estén tratando de mantenerlo en secreto. Si eso no es mala publicidad, no sé qué lo sea.

 

Sam reprimió una mueca. Esa misma tarde habían intentado hablar con el dueño del restaurant, pero ni siquiera la presencia intimidante de Castiel había logrado sacarle declaraciones que no incluyeran las escépticas palabras "desafortunadas coincidencias" o no tan sutiles insinuaciones sobre recurrir a abogados.

 

-Quizás es alguna especie de espíritu vengativo -aventuró, encendiendo su laptop sobre la mesa.

 

-Podría ser -Dean tomó asiento frente a él, sin lucir muy convencido-. O tal vez alguien puso una maldición sobre el restaurant.

 

Sam negó.

 

-Las maldiciones no secuestran personas de sus camas para drenarlas por completo, Dean.

 

-Entonces, ¿qué sugieres? ¿Algún... vampiro loco con gustos elegantes? -su hermano frunció el rostro en una mueca, como si él mismo encontrara ridícula la idea. Por toda respuesta, Sam se encogió ligeramente de hombros, dando a entender que no lo descartaba. Pero Dean giró para mirar al tercer ocupante de la habitación, que había permanecido en silencio hasta el momento-. ¿Tú qué dices, Cas?

 

Él ángel les daba la espalda, mirando el horizonte por la ventana con aspecto imperturbable.

 

-Yo considero que deberíamos visitar el restaurant -respondió sin voltear, con la usual cadencia grave de su voz.

 

-Yo estaba pensando lo mismo. Deberíamos entrar -suspiró Sam, asintiendo de acuerdo.

 

Dean los miró alternativamente, frunciendo el ceño.

 

-¿Y cómo piensan hacer eso? Hay una fila de medio kilómetro de narices respingonas esperando para entrar todas las noches. Quiero decir, tendríamos que haber hecho reservaciones hace un mes. ¿Qué, van a hacer que nuestros nombres aparezcan mágicamente en la lista de comensales?

 

-Yo podría encargarme de eso -para su sorpresa, esta vez fue Cas quién respondió, volteando para observarlos con un curioso brillo en sus ojos.

Sam hizo lo mejor posible para no reír ante la expresión perpleja de su hermano, y en cambio se limitó a alzar las cejas y encogerse de hombros con una sonrisa.

 

-Está decidido, entonces. Cenaremos en el L'Espalier mañana. Ahora sólo tenemos que comprar trajes nuevos y practicar nuestros modales en la mesa...

 

Dean soltó un resoplido. Sam lo miró con absoluta seriedad.

 

-No, Dean. Estoy hablando en serio.

 

Dean vaciló un momento.

 

-...¿En serio?

 

-Sí. Si queremos permanecer dentro del restaurant el tiempo suficiente como para llegar a averiguar qué es lo que está sucediendo, tenemos que tratar de evitar que, ya sabes, los mozos nos echen a la calle por sonarnos con las servilletas o algo.

 

Dean pareció extrañamente incómodo de pronto.

 

-¿No se... puede hacer eso?

 

-¡No! -respondió Sam con exasperación.

 

-¡Okay, okay! -Dean alzó los brazos a la defensiva con algo de frustración- Supongo que tenemos que aprender un par de cosas sobre las servilletas entonces, ¿qué tan difícil puede ser?

 

Súbitamente Sam parecía muy concentrado en la pantalla de su laptop.

-Ustedes.

-...¿Qué?

Sam levantó la vista, casi a regañadientes.

-Ustedes tienen que aprender. Yo ya sé.

Cuando Dean alzó tanto las cejas que parecía que iban a salírsele de la cara, lo tomó como que no le bastaría sólo con esa respuesta. Suspiró para sus adentros, mientras carraspeaba en voz alta.

-Cuando estuve en Stanford, yo, um... Recibí invitaciones para una cena o dos. Así que, tuve que aprender a usar correctamente los cubiertos -se encogió de hombros, intentando quitarle importancia-. Eso fue todo.

Como esperaba, su intento no fue tan efectivo. Dean lo miraba sin dar crédito a sus oídos y con la sombra de una sonrisa burlona asomándose en los labios.

-¿Escuchaste eso, Cas? -se giró con una risita hacia el ángel, que observaba la conversación con curiosidad-. ¡Estuvimos todo este tiempo con Mr. McFancypants sin saberlo!

Sam rodó los ojos, e iba a responder algo por las líneas de "Sí, sí, lo que sea", cuando notó que Cas también parecía... ligeramente incómodo. Eso era extraño. ¿Por qué estaría--? Oh. Claro.

-¿Cas? -preguntó con el tono más casual que pudo- Por casualidad, ¿sabes comer con cubiertos?

Dean le lanzó una mirada extrañada, casi ofendida.

-¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Por supuesto que Cas sabe ocupar cubiertos! ¿Cierto, Cas?

Cuando el ángel no le respondió de inmediato, y más bien se removió algo avergonzado en su sitio, Dean sintió su seguridad flaquear.

-...¿Cas?

-Yo, um... No suelo comer -admitió el ángel, como si eso lo explicara todo.

-Y cuando lo has hecho, nunca ha sido con cubiertos -Sam terminó, suspirando. Recordaba aquella vez que Hambre había despertado el apetito del ángel. Hamburguesas y más hamburguesas. Era una de las únicas veces que lo había visto comer, y siempre fue con las manos.

A su lado, Dean iba entendiendo el problema.

-Oh, genial -soltó, y luego miró a Sam sonriendo con una mueca forzada-. Esto va a estar súper divertido.
 

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Tres horas más tarde, luego de haber hecho unas cuántas compras, volvían a estar sentados a la mesa, esta vez los tres juntos. Los hermanos habían preparado una cena apresurada (primera vez en dos semanas que no ordenaban comida rápida, y hasta estaban ocupando vajilla, una locura) y Sam se había encargado de recrear la disposición de los cubiertos de la mejor manera posible con los que tenían disponibles en la habitación del motel. A falta de copas, las botellas de cerveza tendrían que servir.

Había que reconocer que Dean sobrellevó bastante bien la conferencia de Sam sobre los usos y la manipulación correcta de cada cubierto. Sólo hizo un poco más de media docena de comentarios sarcásticos ("¿Y no hay un cuchillo para untar la mantequilla de maní?", "Hombre, alguien debería agregar un tenedor para rascarse la espalda, eso sería útil."), lo que, dentro de todo, era bastante pedir. Castiel, por su parte, lo escuchaba con tanta atención que a Sam en un momento le pareció que había dejado de respirar.

-...y recuerden, cuando terminen, les retirarán el plato por la derecha. Servir por la izquierda, retirar por la derecha. Okay, creo que eso es todo.

-Dude, ¿cuándo se volvió tan complicado comer? Alguien podría escribir un libro con todo eso -se quejó Dean, que no parecía contento. Y con obvios motivos, pensó Sam. Su hermano no era la clase de persona que hiciera mucha ceremonia antes de comer. Él comía. Punto. Pero decidió ignorar el comentario.

-Okay, entonces, ¿listos para intentarlo?

Castiel asintió de inmediato, y Sam decidió interpretar la nariz fruncida de Dean como un "sí".

-Bien. Llegamos a la mesa y ordenamos. El mozo probablemente nos ofrecerá algo para beber mientras esperamos, bla, bla, bla. Pasemos directo a cuando nos traen los platos. ¿Qué es lo primero que hacemos?

Siguió un breve silencio, en el que Dean miró la mesa frente a él completamente en blanco. Afortunadamente, cuando Sam ya creía que había gastado su saliva por nada, Cas tomó la palabra.

-Desdoblamos y extendemos la servilleta de tela sobre nuestro regazo -dijo, mientras hacía lo mismo con una servilleta de papel con movimientos precisos. Sam sonrió con aprobación, y algo de alivio.

-Correcto. Muy bien, Cas.

-Nerd -musitó Dean a su lado, con un puchero de disgusto mal disimulado. Sam ignoró a su hermano de nuevo.

-Ahora, ¿cuáles son los cubiertos que tenemos que ocupar para comer la entrada?

Castiel volvió a responder primero, dejando a Dean con la boca abierta.

-Éste para las ensaladas, éste en caso de que se trate de mariscos -indicó, esbozando una sonrisita de orgullo cuando Sam asintió dándole la razón. La mala cara de Dean no hizo más que acentuarse.

-Muy bien. Ahora el plato principal. Carne. Muéstrenme cómo toman sus cubiertos para cortar.

Con esta indicación Dean pareció más contento y tomó los cubiertos con facilidad, comenzando a cortar el trozo de carne real que tenía en el plato. En cambio, esta vez el ángel presentó algunos problemas.

-Um... Cas, estás tomando mal el cuchillo.

-...Oh. Lo lamento.

Dean sonrió con algo de presunción.

-No te preocupes, Cas. No es tan fácil como parece -dijo con un tono casi paternal. Se levantó arrastrando su silla y rodeó la mesa hasta situarse detrás de Castiel, que fruncía el ceño con aspecto frustrado-. Aquí, déjame ayudarte.

Sam observó en silencio cómo su hermano se inclinaba sobre Cas y cubría las manos del ángel con las suyas para mostrarle cómo tomarlos de manera correcta. Y otra vez tuvo que hacer un esfuerzo muy, muy grande para no hacer ningún comentario y mantener su cara de póker.

-Así, ¿ves? -dijo Dean, soltando finalmente sus manos-. Ahora inténtalo tú.

Probablemente Castiel estaba demasiado ansioso por complacer y demostrarles que su esfuerzo por enseñarle había rendido frutos. Fuera cuál fuese la razón, presionó el chuchillo con demasiado entusiasmo, y la fuerza sobrehumana atravesó la carne y rompió el plato. Y trizó la superficie de la mesa. Y luego rompió la mesa en dos, con un quejido rechinante que fue seguido por el sonoro romperse de la vajilla con comida contra el suelo.

-...

-...

-...Oh.

Sam y Dean se miraron con los ojos como platos, y llegaron a la misma decisión en silencio.

-No pasa nada, Cas, está bien, en serio -se apresuró a decir Dean para calmar al ángel, que seguía sentado con los cubiertos suspendidos en el aire y aspecto sorprendido-. Puedes intentarlo de nuevo luego.

Mientras tanto, Sam se había levantado rápidamente de la mesa, y ya estaba metiendo sus cosas en los bolsos otra vez. Cuando Castiel logró recuperarse de su asombro, notó eso con extrañeza.

-¿Por qué empacas, Sam? ¿Vamos a alguna parte?

-A un nuevo motel, Cas -Sam respondió guardando ropa a toda velocidad, mientras Dean se ponía a hacer lo propio a su lado-. A uno que tenga mesa de preferencia, para seguir practicando.

Le dirigió una mirada de reojo a su hermano, y Dean se la devolvió con la misma idea en los ojos. "Un motel donde no tengamos que explicar una mesa partida en dos. Ni pagarla."

Después de todo, si al día siguiente iban a darse el lujo de cenar en uno de los restaurants más caros de la ciudad, iban a tener que ahorrar todo el dinero que pudieran.
 

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A pesar de todo, Sam tenía que admitir que la velada de la noche siguiente tuvo bastante éxito. Dean no se sonó con la servilleta ni eructó una sola vez, y Castiel se las arregló para no romper ningún plato. O mesa. Por unos minutos, los tres fueron la imagen misma de la elegancia, sentados a la mesa en sus trajes de noche.

...Si no fuera porque a mitad de la cena tuvieron que levantarse gritando "¡Fuego!" para despejar el restaurante y liquidar al escurridizo maitre (que resultó ser un djinn enguantado, que aprovechaba su posición para envenenar a sus víctimas y luego seguirlas y secuestrarlas cuando ya se encontraban delirantes), nadie hubiera podido sospechar que habían aprendido sus modales elegantes el día anterior en un motel de tercera clase, pensaría Sam más tarde con algo de orgullo.

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