Yo v/s Artemis Fowl
Apr. 12th, 2012 08:25 pmAsí que, ahí estaba yo: en un cómodo sillón de cuero negro, sentada frente a frente con el pre-adolescente millonario del IQ europeo más alto y un ego tamaño de las Islas Canarias… Y con la noble misión suicida de enfrentármele en un debate.
… ¿Cómo demonios me había metido en eso?
En fin. Intercambié en silencio una mirada con unos agudos ojos azules por encima de la mesita servida con tazas de té. Artemis, por supuesto, lucía imperturbable, aunque no podía evitar una expresión algo divertida debajo de su aspecto elegante y relajado. Yo, tristemente, no creo que llegara a verme ni la mitad de segura, ni la mitad de impecable.
Al darse cuenta que yo no tenía intenciones de comenzar a hablar en ningún momento cercano y luego de consultar su moderno Rolex, Artemis decidió romper el hielo juntando las yemas de sus dedos y observándome a través de ellas.
-Entonces… Se supone que me convocaste aquí para debatir sobre un tema, ¿no es así?
Me limité a asentir para que mi voz no me traicionara y demostrara lo nerviosa que estaba.
-¿Y bien? -alzó las cejas con un leve dejo de impaciencia- ¿Cuál es el asunto en cuestión?
Bueno, no podía seguir guardando silencio por siempre, ¿verdad? Respiré profundo en preparación a lo que tenía que hacer, y luego, tomando el apunte que había llevado, me aclaré la garganta un poco incómoda.
-Kmi quiere que hablemos sobre…-dudé un momento, pero luego suspiré internamente-. Sobre la importancia de la socialización.
Con temor alcancé a percibir un ligero destello en los ojos de Artemis. Oh, dioses.
-Ah, ya veo. Relaciones interpersonales. Una materia de discusión interesante, sin duda...-se acarició levemente la barbilla por un instante, y luego me miró con una expresión sugerente-. Bien. ¿Comenzamos?
Asentí sin mucho entusiasmo, al tiempo que Artemis se inclinaba para alcanzarme una taza y tomar la suya propia. Una vez que ambos estuvimos de vuelta en nuestras posiciones, cada uno con un humeante Earl Grey en las manos, el irlandés sonrió con algo muy parecido a la picardía y me señaló con un elegante gesto de su mano.
-Las damas primero.
Lo fulminé con la mirada. Aún no estaba lista.
-Ah, bueno… Sí, a ver…-musité, intentando ignorar la sonrisita de condescendencia de Artemis y concentrarme en lo mío. Acomodé mis notas en mi regazo, y respiré una, dos, tres veces para tranquilizarme y poner en orden mis ideas… Y comencé-. Desde el inicio de los tiempos se ha sostenido repetidamente la idea de que el hombre no puede ser sin un otro. Ya en el siglo IV antes de nuestra era, Aristóteles afirmaba que el hombre era un “animal social”, estableciendo así…
Me atrevo a decir que fui capaz de exponer mis argumentos bastante clara y concisamente, sin tartamudear más que un par de veces ni dejarme intimidar por la mirada de fingido desconcierto con la que Artemis me observaba a través de la mesa, tan propia de los debatientes experimentados cuando se trata de escuchar a su oponente. Tanto así, que me permití experimentar una pequeña sensación de triunfo cuando llegué a mi último argumento sin que el niño genio me hubiera interrumpido ni una sola vez a lo largo de mi discurso.
-…y para finalizar, recientes exploraciones científicas han descubierto que el simple hecho de forjar una amistad cambia irrevocablemente la química del cerebro, optimizando sus procesos y mejorando su función en el mundo.
Qué inocente de mi parte creer que había terminado.
Artemis asintió sin dejar de mirarme, y bajó lánguidamente su taza de té.
-¿Eso es todo?
Sentí mi ánimo desinflarse. ¿Un cuarto de hora exponiendo mis mejores argumentos, y él me preguntaba si eso era todo? Asentí intentando ocultar mi disgusto, lo cual, conociéndome, no debe haber tenido mucho éxito. Artemis volvió a asentir a su vez.
-Muy bien. Es mi turno entonces -dijo, apoyando con delicadeza su taza casi vacía en el platillo y devolviéndola a la mesita. Contuve un estremecimiento mientras lo observaba moverse con la tranquilidad de quién se sabe vencedor y me preparaba mentalmente para que demoliera todos mis argumentos en… ¿qué? ¿Cinco frases? Finalmente Artemis volvió a su posición, juntando otra vez las yemas de los dedos con parsimonia, y se preparó para hablar.
-Debo decir -comenzó lentamente-, que esa ha sido una admirable demostración de conocimientos generales y una más que hábil exposición de todos los argumentos que aparecen en el libro. Figurativamente, claro está. Pero como dicen, nada nuevo bajo el sol, lo cual teniendo en cuenta que sabrías que tendrías que enfrentarte a alguien que a la edad de once años ya había hecho significativos aportes a las áreas de psicología y filosofía es, dentro de todo, bastante decepcionante, ¿no lo crees?
Grrr.
-Pero a pesar de ello, debo concederlo, son argumentos completamente sólidos, y si este fuera un debate común y corriente probablemente aún tendrías posibilidades de vencer -hizo una pausa antes de agregar con un movimiento desdeñoso de su mano:-Lástima que en este caso sean inútiles.
-¿Inútiles? -pregunté sin poder dar crédito a mis oídos. Había invertido una cantidad de tiempo considerable en idear todo mi discurso, y él mismo acababa de reconocer que tenía validez… ¿Y aun así lo llamaba inútil? Me comencé a enfadar. Podría ser Artemis Fowl, pero no iba a permitir que se pasara mis esfuerzos por… ahí, sin más-. ¿Por qué?
Exhaló un suspiro de infinita paciencia, como si fuera algo obvio.
-Porque carecen de contexto -al notar mi expresión confundida esbozó una pequeña sonrisa-. Verás, si hubieras sabido interpretar las intenciones de tu amiga, habrías entendido que, en realidad, lo que a ella le interesaba era conocer mi perspectiva sobre la importancia de la socialización, y que discutiéramos alrededor de ella. Como comprenderás, puede que todos los argumentos que acabas de exponer sean completamente legítimos aplicados a la población promedio, pero tendrás que estar de acuerdo conmigo en que yo soy un caso único, y que, por lo tanto, son difícilmente aplicables a mí.
No tuve más remedio que asentir, intentando que mi mal humor pasara por digna resignación.
-Con respecto a mi opinión sobre la importancia de la socialización, concuerdo plenamente en que el ser humano no puede desligarse de la esfera social sin sufrir serias fragmentaciones de su psique e inestabilidad emocional, y que esto podría llegar al extremo de afectar su rendimiento intelectual… Y, a pesar de lo que muchas personas puedan pensar, si bien yo he intentado hacerlo en el pasado, he descubierto que es por lo demás una tentativa absolutamente improductiva y poco favorecedora.
-Sí -no pude evitar soltar una risotada-, y tus millones de amigos son la prueba de eso, ¿no?
-El que comprenda que las relaciones interpersonales son de vital importancia no quiere decir necesariamente que esté ansioso por hacerme amigo de la primera persona que se me cruce por delante -prosiguió, impertérrito ante mi comentario-. Ahora, y precisamente a causa de mi condición sin precedentes, el tema de las amistades y otras relaciones de ese tipo adquieren un carisma muy delicado -se detuvo un momento, súbitamente pensativo-. Hay una razón por la que no estoy precisamente interesado en establecer más lazos que los necesarios.
Bueno, finalmente estábamos llegando a alguna parte. Me incliné hacia adelante en mi asiento, pendiente de cada una de sus palabras. Por un momento, pude notar, Artemis parecía mucho más estar hablando consigo mismo más que manteniendo un debate.
-Es un hecho que mi intelecto y mis habilidades me separan del resto de la población, haciéndome sobresalir de manera extraordinaria. No podría ser de otro modo. Por lo mismo, no es de sorprenderse que la compañía de otras personas que no se encuentren a mi nivel no llegue a despertarme interés. Porque, ¿quién sería capaz de seguirme el paso? Es difícil para mí intentar comprender la manera simple en que la gente común percibe la vida, ¿cuánto más difícil sería para una persona corriente intentar siquiera tener una noción de lo que yo soy capaz de concebir? Ciertamente, la comunicación constituiría un grave problema que enfrentar… y dado que la comunicación es la base para cualquier relación, no parece un pronóstico favorecedor para comenzar-. En su frente había aparecido una pequeña arruga-. También estoy consciente de que es una moneda de dos caras. Quizás puede que yo estuviera dispuesto a forjar una relación, pero, ¿estaría aquella hipotética persona dispuesta a adaptar sus concepciones, valores y costumbres para poder congeniarlas con una vida tan inusual como la que llevo, y todo lo que ésta implica?
»Es por esto que me parece más sencillo no forzar las probabilidades intentando comportarme como si establecer relaciones personales duraderas fuera algo sencillo en lo que se refiere a mí, y me limito a seguir los patrones sociales necesarios para moverme de manera aceptable entre mis… llamémoslos pares, a fin de disminuir la brecha que nos separa, y realizar las transacciones necesarias para mis intereses de manera exitosa. Soy conocido por haber logrado lo imposible muchas veces, pero hasta para aquello se requiere una comprensión realista del mundo que nos rodea.
Seguido a eso hubo un momento de silencio, en el que ni él ni yo nos movimos de nuestro sitio. Artemis parecía sumido aún en sus pensamientos, mientras que yo simplemente no sabía que decir a todo lo que acababa de escuchar.
-Wow -finalmente logré articular. Artemis pareció despertar de sus elucubraciones, y me dirigió una mirada inquisitiva-. Quiero decir… Bueno, si realmente esperas a que aparezca alguien capaz de cumplir con todas tus exigencias para recién intentar hacer amigos, un día vas a encontrarte con que te has quedado solo y ya es demasiado tarde.
El irlandés sonrió divertido, aunque parecía algo ausente, como si se arrepintiera de haberse dejado llevar y expresado tanto en voz alta.
-¿Acaso no es que dicen: "mejor solo que mal acompañado"?
-Que yo recuerde, no siempre te han molestado todas las asociaciones, ¿o no? -apunté.
Artemis se encogió levemente de hombros, recuperando algo de aplomo.
-Han habido algunas excepciones, sí. Pero toda regla las tiene. Y quizás también recodarás que muchas de esas "asociaciones", como bien las llamas, comenzaron más que nada por motivos de conveniencia: a través del establecimiento de un contrato en el que ambas partes se veían beneficiadas. Como verás, ninguna de esas relaciones buscaba mantenerse en el tiempo a fin de que pudiéramos juntarnos periódicamente a beber el té y tener amenas charlas sobre nuestra vida diaria, ni mucho menos. Fueron simplemente el resultado de negocios.
Me negaba a creer que estuviera siendo completamente sincero.
-Puede ser que hayan comenzado así, pero eso no significa que no hayan pasado a cobrar un significado más especial...
Artemis alzó las cejas con escepticismo.
-¿"Significado especial"? Por favor, ¿es esto un debate o un programa de entrevistas sentimentaloide? No vengo aquí a hablar sobre mi vida privada, así que te aconsejaría que te centraras en el tema que nos concierne. Y te convendría hacerlo, porque tus argumentos aún dejan mucho que desear.
…Bien, quizás había tocado un punto sensible de la manera incorrecta.
-Tu problema principal es tu horrible actitud, ¿sabes? Puede que “tu intelecto superior” te separe de la “gente común”, pero si no mejoras tu actitud nunca vas a poder empezar a “comunicarte” con el resto de los mortales.
No pareció impresionado con mi nuevo argumento.
-Ya he sido informado al respecto, en variadas ocasiones.
- Quizás deberías escuchar.
Artemis suspiró cansinamente.
-Y quizás tú deberías rendirte. Hace mucho que esto dejó de ser un debate formal, si es que alguna vez pudo siquiera ser calificado como uno. Sugiero que zanjemos la discusión aquí, y demos el asunto por terminado.
No pude evitar sentirme un poco ofendida por su manera brusca de finalizar el asunto cuando yo acababa de salir con un argumento que —lo sabía—, podía estar dando en el clavo.
-Bueno, como quieras -respondí de mala gana. Y mientras me levantaba del sillón, mascullé por lo bajo:-Igual, mira quién se puso a hablar de malas compañías...
Pero eso último, lamentablemente, no pasó desapercibido para el niño genio.
-¿Sabes? -comenzó, sonriéndome con esa sonrisa lobuna suya que hace que todas tus alarmas internas se activen, y quieras alejarte lo más rápidamente posible de sus proximidades-. Es primera vez en toda esta conversación que te escucho esgrimir un argumento medianamente razonable.